Un acercamiento entre mundos PDF Print E-mail
Saturday, 14 February 2009 11:23
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Un acercamiento entre mundos
Ejercicio comparativo
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Como lo comenté en un artículo anterior sobre tendencias, los pronósticos son una especie de adivinanza informada sobre lo que sucederá en el futuro, complicados, en el caso del vino, por la subjetividad de los consumidores. ¿Hasta qué punto se pueden influenciar sus preferencias y, por otra parte, qué tanto son tomadas éstas en cuenta a la hora de confeccionar nuevos vinos?

Para responder, al menos parcialmente, es necesario recordar una división, si bien relativa, entre dos grandes áreas, tanto geográficas como de estilos: los países productores del Viejo Mundo, Europa, y los del Nuevo Mundo: Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Argentina, Chile, Uruguay, México, EUA y Canadá, por mencionar sólo a los más importantes. Generalizando demasiado, los vinos del Viejo Mundo tienden a ser más secos, en ocasiones con más notas a madera, y sus productores ponen más énfasis en la región donde los elaboran, que en la variedad de uva; los del Nuevo Mundo tienden a estar más orientados hacia el aspecto frutal, a veces con mucha potencia, otras con cuerpo medio, y sus creadores informan en sus etiquetas el tipo de uva con el que están hechos. En resumen, los europeos son más territorialistas y los del Nuevo Mundo más varietalistas.

Algunos números

Así, la primera tendencia a comentar es el incremento en las ventas globales de vino de los países no europeos, principalmente los chilenos, australianos y argentinos, en detrimento de, sobre todo, los franceses. En 1975, Francia e Italia detentaban 50% del mercado global, porcentaje que, según cálculos del International Wine & Spirits Record, disminuirá a 25% en 2010. Entre las causas, se acusa a los franceses −en particular a los bordeleses− de seguir férreamente su tradición sin tomar en cuenta las preferencias actuales del consumidor, las cuales se inclinan hacia vinos con más predominio de la expresión frutal. Empero, existe una cantidad cada vez mayor de productores galos, tanto de Burdeos como de otras regiones, que se están atreviendo a producir vinos de corte moderno. Si quiere saber a qué me refiero, le recomiendo probar los néctares de la región de Languedoc-Rousillon (en particular los de Château Cabezac: Cuvée Arthur, Belveze, etcétera). Otro dato interesante es que, a pesar de las recientes fusiones entre grandes grupos multinacionales, ninguna compañía por sí sola posee más de 2% del mercado mundial del vino, contrastando drásticamente con los casos de la cerveza y los destilados.

 

¿Lo mejor de dos mundos?

Una segunda tendencia es que varios productores del Viejo Mundo han incursionado en el Nuevo (además de otros países europeos distintos al propio). Han comprado terrenos o viñedos ya establecidos, realizando inversiones importantes en operaciones de vinificación y distribución. Desde luego, más que leerlas, lo mejor es vivir las creaciones que han resultado de esta tendencia: es toda una experiencia sentir cómo se amalgaman dos estilos distintos en nariz y boca, percibir el toque de la enología europea en la sublimación de frutos americanos. Y en lugar de intentar resumir este sincretismo en otra peligrosa generalización, le sugiero enfáticamente que practique el ejercicio del recuadro, y le invito a que nos comparta su experiencia.

 



 

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