Charro, con el sombrero bien puesto PDF Print E-mail
Thursday, 25 February 2010 12:24

El mestizaje que nos identifica como mexicanos se encuentra personificado tanto en interiores como platillos.

¡Córrele que ya llegó el Charro! Fui al restaurante Charro, donde el chef Daniel Ovadía ofrece comida mexicana contemporánea. Si ha visitado el Paxia o Reserva Cicero conoce el cucharón de este joven talento. El mestizaje que nos identifica como mexicanos se encuentra personificado tanto en interiores como platillos. El sitio se viste de morado siempre vivo, negro y un toque italiano minimal. El local es atrevido pero suave en su sofisticación, fusionando la imagen del charro con el mundo actual, sin olvidar la actitud aparentemente despreocupada de la Condesa. Fue un día difícil para degustar considerando que abrieron sus puertas hace semanas y que era 24 de diciembre, pero el servicio corrió sin tropezar.

Incapaz de esconder mi emoción por compartirlo, comenzaré no por el primer platillo que probé sino por el que no se deja olvidar: Las quesadillas “Oaxaca”. Rellenas de pollo, llegan al pie de una copa de martini que contiene dos capas, una de mole, y otra de chocolate 70% cacao que causa un singular vacío al fondo. Uno debe sumergir la cuchara dentro de la salsa y romper el chocolate. La dura capa lentamente se funde al calor del mole para lograr la combinación más exquisita. Un picante aterciopelado y cálido dio pie a la tortilla de maíz dorada que crujió bajo mis dientes salpicando gránulos de azúcar sobre la mesa. ¡Se ha vuelto mi platillo de temporada favorito! Es la mezcla perfecta entre churros, chocolate caliente y mole oaxaqueño. Decadente, adictivo, reconfortante, y al final del día, cien por ciento mexicano aunque el galope de la historia se sienta entre mordidas.

Por tradición familiar pido ostiones para festejar. Estos bivalvos nacen en Guerrero Negro y posteriormente terminan su cultivo en Baja California. Frescos y con un sabor propio, intrigaron y saciaron como pocos lo hacen. La presencia de la salsa Valentina al centro de la corona de ostras me llevó a la costa mexicana, pero después de probarla en conjunto opté por disfrutar de los moluscos en su elixir natural. Los tacos de pato con salsa de mango, perejil frito y aceite de chile manzano que siguieron eran dulcemente mansos con un toque mordaz. Mientras que los tacos de rib eye me dejaron picada. La carne grasa envuelta en tortilla de harina es irresistible al paladar. Al lado salsa de ajonjolí (confirmando que Asia también se pasea por estos rumbos), y un aceite de chiles prometedor pero rancio.

Siendo 24 de diciembre por la tarde no me atreví a indagar sobre los postres (un festín que no quise poner en juego esperaba en casa) pero volveré por alguna de sus inspiradoras dulzuras, quizá el pastel e chocolate abuelita con helado de vainilla de Papantla... Al irme consideré al charro un personaje audaz que nos sigue transmitiendo orgullo por la patria, lo que deja claro que Ovadía trae el sombrero bien puesto, pero ¿cómo coexistirá este Charro con el público Condesa? Aquí comienza la historia.

 

Charro

Vicente Suárez núm. 38, Col. Condesa.

Costo promedio por persona: $300.

 

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