Bebida de Reyes PDF Print E-mail
Thursday, 09 October 2008 12:04

 Chère Karla:

En este lúdico rincón he hablado sobre algunas de las bebidas que siempre permanecerán vigentes, vivas y puestas y recordadas por nuestro paladar. Aquí se dijo sobre la bondad y alcance del mezcal y su profundo arraigo en el gusto mexicano, y que por fortuna ahora su distribución es universal. También el orujo español ocupó esta página y creo que nos dejó a todos y a todas, un buen sabor y sembrado el deseo de volverlo a tomar en compañía de una amiga, de un amigo, y con ello pasar momentos estelares.

Y no digo de los tintos de algunas regiones señeras de la Francia inacabable; de los vinos rosados de Bandol, del champagne lujurioso e imbatible, de los blancos deliciosos, plenos y vibrantes. Y claro, para que el festín tuviera visos de grandeza, estos líquidos diabólicos fueron acompañados por los platillos que realzaban la ceremonia, y al maridaje de estos dones dionisíacos le daban la categoría de manjares divinos. Nuestras lectoras ya habrán gozado tales manjares y tales bebidas y por lo tanto aceptarán lo que hasta aquí he escrito.

Y bien, lo que ahora quiero decirte, Karla, es que hay una bebida que merece un aparte: el ron.

Sí, el ron ha arraigado en nuestras latitudes desde mucho tiempo atrás y la caña de azúcar es el alma de esta preciada bebida. Yo lo recomiendo tomar solo, sin hielo, sin agua, o sea, derecho; y se puede tomar como aperitivo bravo y reparador. También es el complemento ideal de un banquete donde abundó el jamón Jabugo, la fabada y el cochinillo, y que se tomará al final en una copa pequeña; ese digo, será el final feliz de la reunión de amigas y de amigos.

 Para terminar la reunión el expreso y el habano se hacen indispensables. Esto, chère Karla, lo acabo de hacer en mi viaje a Caracas. Fui al estado de Aragua para visitar en la población El Consejo una antigua hacienda, la Hacienda Santa Teresa que es productora de un ron espléndido: “Santa Teresa 1796”, que es un ron de solera y que al tomarlo el cuerpo y el alma viajan acompañados por centenarios chaguaramos (gigantescas palmas que llenan de frescura los cielos) y el olor, el bouquet, el color, hacen de este ron, como digo, una bebida de reyes. Así que cuando vayas a Venezuela, Karla, en esta hacienda, más bien antes de llegara ella, en una intersección del camino te encontrarás con la “Cruz de Aragua”, y al cruzar por ella, deberás cerrarlos ojos, ponerte luego una mano en la cabeza y enseguida pedir un deseo. Si lo haces con amor, con respeto, con ansia matutina, se te cumplirá ese deseo. Vale la pena. Yo, de las botellas que reposan en mi cava, seguiré el rito que te he comentado.

 Seguiré tomando el ron “Santa Teresa1796” como aperitivo y desde luego lo tomaré al terminar de comer las viandas que le harán honor a la mesa de lujo; así que después de saborear la crema de ostiones, después del lenguado a las brasas y los purés que lo acompañaron, después del postre de barrita de chocolate y frambuesas, y con el café expreso, humeante y apetitoso, y encendido el habano respectivo, vendrá, como colofón, como fin de fiesta, como cerrojo de oro y plata el ron del que te he platicado. Bien. Espero que muchas amigas sigan este tip y gocen cabalmente los momentos inolvidables de la buena comida y del buen vino, ¿no? Vale.

 

www.carlosbracho.com

 

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