Alex Atala PDF Print E-mail
Friday, 04 June 2010 12:42

Fotografía cortesía de D.O.M.

Alex Atala es considerado el mejor chef de Brasil, el primer latinoamericano en figurar en la lista de los mejores restaurantes del mundo de la revista inglesa Restaurant. Su historia sin embargo llama la atención porque fue un chico inquieto al que echaron de cuatro colegios y que a los 14 años se fue de la casa en Sao Bernardo do Campo para conocer Sao Paulo, donde descubrió el punk, el rock y las chamarras de cuero. Más tarde trabajó como DJ en una disco paulista y a los 18 años partió rumbo a Europa como mochilero, para sortear sus gastos se empleaba para pintar casas, sin embargo, cuando su visa estaba a punto de vencer se metió a una escuela a estudiar hotelería y gestión de cocina; después prosiguió su recorrido por Europa, pero ya trabajando como cocinero en Bélgica, Francia e Italia.
 
Cuando regresó a Brasil, sobresalió inmediatamente por sus originales creaciones.
 
Tras trabajar en restaurantes como Sushi Pasta, Philomena y 72, decidió abrir su primer restaurante: Na Mesa, y meses después el D.O.M. (abreviatura en latín de "Dios Óptimo y Máximo"); pronto llegaron los reconocimientos: en 1999 fue elegido Chef Revelación por la revista Gula; en 2002, Mejor Chef y Restaurante Contemporáneo por Veja; y en 2006, Chef del Año, por la misma revista; en 2007 D.O.M. apareció en el 40 lugar de los mejores restaurantes del mundo en Restaurant Magazine, y ha permanecido en esa lista en los dos años siguientes.
 
Atala tiene muy clara la importancia de los productos locales, por lo que se considera un militante de una cocina de “terroir”, de una cocina campesina, de una cocina patrimonial brasileña, “porque lo que llevó a Francia, Italia, España y Japón a los altos niveles de la cocina fue el orgullo de la cultura regional, en otras palabras, el orgullo del campesino”. Por ello su cocina se caracteriza por el rescate y empleo de muchos productos del Amazonas con los que combina sabores, texturas y aromas empleando técnicas aprendidas por su paso en Europa, por ejemplo ostras empanadas con tapioca marinada; palmito pupunha con vieiras, pera, algas y citronella; creme de cogumelos (setas) con caldo de vitello, tucupí, hierbas del Amazonas y espárragos verdes, o bien un arroz negro con legumbres verdes y leche de castaña de Pará. Lo que busca es “enriquecer el producto de mi país de forma tal que la gastronomía se convierta también en una herramienta más para la conservación del planeta”.
 
Este cocinero valora su cultura, sus raíces y está convencido del potencial que ofrece Brasil, por eso en alguna ocasión mencionó: “Cuando volví a nuestro país, no quise ser un brasileño que quisiera hacerse pasar por francés, italiano, belga o cualquier otra nacionalidad. Quise ser brasileño, porque tengo confianza en mi país y en mi cultura, en los sabores que conocí desde mi infancia y que me parecían tan buenos como los que conocí en el exterior. Ese pasado, sin sombra de duda, me ayuda en el trabajo que estoy realizando actualmente”.
 

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