De sorbo en sorbo PDF Print E-mail
Tuesday, 02 March 2010 09:53

Cada vez que los granos de café empiezan a tostarse en algún molino cercano, el olor nos conduce hasta ese lugar en el que sin duda, al llegar, nos rendiremos a comprar una exquisita taza de café para deleitar nuestro paladar.

Express, con leche, capuchino, moka, frío o caliente, hoy en día el café es una bebida dinámica que nos acompaña en el desayuno, en el trabajo, al platicar con un amigo o simplemente en un día frío. No importa el motivo por el que tomamos esta infusión, lo cierto es que cada vez que los granos de café empiezan a tostarse, el olor nos conduce a disfrutar una exquisita taza. 

Desde hace mucho tiempo existe la costumbre en México de beber café, gracias a ello aparecieron las cafeterías y actualmente en todos los restaurantes durante los desayunos, el postre en las comidas y finalmente en las cenas, la pregunta que esperamos contestar es: ¿gusta una taza de café? Muy pocos pueden negarse a esta proposición. Actualmente la mayoría de estos establecimientos son accesibles para gran parte de la sociedad, pero siglos atrás no era así. En los espacios que ofrecían esta bebida, se observaban cuáles eran los lugares entre las clases sociales, ya que algunos de ellos eran puntos de reunión para políticos, militares, escritores u hombres de negocios y en otros se encontraban generalmente los payos,1 por lo que podemos decir que su evolución ha sido notable. De la misma manera los alimentos cambiaron, por ejemplo si viajamos un instante al siglo XIX y entramos a una cafetería de la clase alta podemos pedir desde un atole hasta un vino, pasando por caldos y tamales, por supuesto estas bebidas y platillos ya no los encontramos en una cafetería casual.

La costumbre continúa…

Cada mañana vemos los cafés calientes que se sirven en diferentes restaurantes, hogares y cafeterías. Cuando escogemos dónde degustaremos el sabor y la textura que nos da este pequeño grano, podemos pensar que será un buen día. Por ello existen establecimientos en la Ciudad de México en los que el ambiente, la comida y por supuesto el café, nos brindan momentos especiales a lado de la familia, amigos, amores o de nosotros mismos.

La Tradición de La Parroquia

Hace poco más de 200 años que este sitio abrió sus puertas, desde entonces es uno de los más prestigiosos tanto en el puerto de Veracruz, que lo vio nacer, como en la Ciudad de México. En 2008, la tercera franquicia llegó al corredor de Insurgentes con toda la historia que envuelve este nombre.

Con una decoración cálida donde las paredes albergan fotografías en blanco y negro que narran una pequeña una parte del pasado de este negocio, ambientado con música típica y desde luego la exquisita comida y el cremoso café, se puede disfrutar del sabor veracruzano en el Distrito Federal. La Tradición de la Parroquia ofrece una amplia variedad de platillos, entre los que encontramos el famoso plato volador (emparedado de jamón y queso), las gorditas negras o las picaditas servidas con salsa de chicharrón pasando por los jugosos cortes de carne y las pastas.

Desde la mesa se aprecia la bella cafetera, emblema principal de La Parroquia, donde cada carga de grano lleva el aroma que envuelve los cafetales veracruzanos. Como una costumbre de este lugar, el comensal golpea el vaso de cristal con la cucharita para llamar al “lechero”, es así como el mesero llena el vaso con el concentrado de café que indica la persona para dejar caer sobre éste la leche caliente, obteniendo así el “café lechero”2 que tanto gustaba a don Porfirio Díaz.

Aunque la frase: “Ir a Veracruz y no pasar al Café de la Parroquia es como no haber ido a Veracruz”, es totalmente cierta, también lo es el siguiente refrán: “Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña”, así que La Tradición de la Parroquia llegó a la Ciudad de México para conquistar el paladar de los capitalinos.

Café de Tacuba

Tomando el nombre de una de las calles más emblemáticas del Centro Histórico, el 12 de octubre de 1912 surge este restaurante, uno de los más antiguos de la Ciudad, asentado en una casona del siglo XVII.

Decorada con talavera poblana, un colorido vitral en la entrada, esculturas y pinturas de 1946 que representan el mole poblano y la historia del chocolate, así como las réplicas de diferentes pinturas, el Café de Tacuba logra transportar a los comensales a otra época. Personalidades como Oscar Lewis 3 y Agustín Lara encontraron inspiración entre estas paredes; Diego Rivera celebró su boda con Guadalupe Marín, y los presidentes de México desde Porfirio Díaz han acudido a degustar los platillos mexicanos, la tradicional panadería y repostería, y por supuesto el café que desde sus inicios ha sido parte fundamental de su carta.

Una vez terminado el recorrido visual de esta edificación, podemos empezar a elegir alguno de los 260 platillos (aproximadamente) que el restaurante ofrece, entre los que encontramos las verdes enchiladas Tacuba, el mole poblano o simplemente un picante chile relleno. No dejemos de lado el pan artesanal elaborado desde hace tres generaciones o la rebanada de pastel de chocolate relleno de fresas. Acompañando este postre está el café con leche. Este producto se realiza con los granos de café 100% mexicanos de los estados de Veracruz, Oaxaca o Chiapas.

El servicio, la gastronomía y la ambientación son las peculiaridades que el Café de Tacuba mantiene para que los comensales se vayan contentos y satisfechos.

El Jarocho

Con 56 años de experiencia y siendo pioneros del café de paso, esta cafetería se ha convertido en uno de los lugares más visitados por muchos mexicanos y extranjeros de Coyoacán.

Obteniendo la estrella de oro por el mérito empresarial en Holanda (2004) y en Nueva York (2006), Víctor Romero comenta que el éxito de la empresa es la constancia, la calidad, el cuidado y el servicio al cliente que desde sus inicios han ofrecido, brindando un producto 100% natural y nacional.

El Jarocho se renueva y adquiere una nueva imagen, la cual con sus colores verde y blanco decora las calles cercanas a él. Con el tostador trabajando constantemente, este negocio brinda al público una variedad extraordinaria, siendo el capuchino el rey de los cafés en El Jarocho, aunque también encontramos café con leche, express, americano, chocolate, moka y los nuevos capuchinos ya sean de vainilla, cajeta o malvavisco. Acompañando cualquier bebida de su elección, encontramos la especiada torta de pierna adobada o las suaves donas que a precios accesibles satisfacen cualquier antojo.

Teniendo como meta la apertura de su décima sucursal en la Ciudad de México, esta cafetería sigue innovando y prestando atención a las sugerencias de sus clientes que día a día llevan al Jarocho a sus trabajos, escuelas u hogares.

La tradición y experiencia que han desarrollado cada uno de estos establecimientos otorga a los clientes calidez, calidad y buenos momentos al degustar una bebida que desde hace muchos años cierra de manera perfecta una deliciosa comida pero también da pie para iniciar una placentera conversación, es así como del grano a la taza… tomamos café.

 1 Campesinos que venían a la Ciudad de México en el siglo XIX

2 Concentrado de café con leche bronca

3 Autor del estudio Los hijos de Sánchez, inspirada en la vida de uno de los empleados del Café de Tacuba

 

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